El Rosario: contemplar con los ojos de la Madre

virgen peregrina de la fam

María meditaba todas estas cosas en su corazón (Lc 2). Daba vueltas en su corazón a todo lo que iba viviendo, aunque no lo entendía; le preguntaba a Dios.

Oraba con el corazón, no solo con la razón, la inteligencia.

María era una mujer tranquila, de mucho silencio y trabajo manual: lavar, cocinar, buscar agua y leña, ayudar en tareas del campo… caminar entre los pueblos.

Pasaba noches largas, sin música, sin internet, sin TV, sin autos y sin niños con mil actividades. La vida de los pueblos es tranquila, contemplativa.

Mujer de oración y que nos invita a la oración (como a los discípulos, Hechos 1)

Mujer que miraba los detalles, que mira a las personas. Mujer que deja que resuenen en su corazón las palabras de Dios, y todo lo relacionado con Dios. Y que todo lo relaciona con Dios, con ese Dios al que esperan los judíos, con ese Dios que ha prometido salvación, con ese Dios que es Padre bueno, amoroso, pero también tan transcendente, tan por encima de los planes humanos…

María, madre nuestra en la fe, nos invita a ser hombres y mujeres de oración.

El Rosario (Juan Pablo II, El Rosario…) es meditar la vida de Cristo y la vida nuestra, con los ojos, a través de los ojos de la Madre.

Cada misterio del Rosario es una invitación a quedarse contemplando una escena, un hecho de Jesús. Contemplar un cuadro, una escena: quedarse un tiempo sosegado ante la escena para dejarnos interpelar, impresionar porque lo que Dios hace, por las reacciones de los personajes, etc…

  • Misterios gozosos: Dios actúa en la humildad. Contemplar la humildad y humillación de Dios; la sencillez de corazón de María, de José, del Niño, etc… Son las escenas del inicio de la vida de Cristo.
  • Misterios dolorosos: acompañar a Cristo en la Pasión como lo hizo María, estando nosotros junto a María. Sufrir con Él, con Ella, amar con Él, con Ella.
  • Misterios gloriosos: resurrección y triunfo
  • Misterios luminosos: Dios nos muestra su luzMaría contempla tu vida: tu familia, tus hijos, tu marido, tu trabajo, tus ocupaciones, tu amor, tu soledad, tu apostolado, tus obras de caridad…

Y con María, la Madre, pide, agradece, alaba…

Contemplar también los “misterios” de nuestra propia vida humana, tan humana y terrena, pero que Dios y la Madre también contemplan, también aprecian, y nos invitan mirarlos y apreciarlos no desde la simple mirada humana, sino desde la de Dios. ¿Cómo mira Dios, cómo aprecia Dios mi vida: mi familia, mi trabajo, mi descanso, mis amistades, mis miedos, mis pecados, mis triunfos, mis alegrías, mis proyectos, mi pasado, mi futuro?

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Gratuidad y gratitud

soñar 3

“Alerta estaré y las gracias daré”.

En Carta Encíclica Caritas in Veritate, el Santo Padre Benedicto VI nos viene a decir que las relaciones de gratuidad son mucho más positivas que las puramente mercantiles, ya que es con la caridad como se manifiesta el amor de Dios. Las personas nos encontramos en nuestra vida la gratuidad en muchas ocasiones, aunque suelen pasar desapercibidas, ya que en nuestra cultura se valoran más las relaciones de productividad, donde todo tiene un precio. Las relaciones de gratuidad son aquellas donde se hace algo por los demás sin esperar nada a cambio, cuando los padres cuidan a sus hijos, cuando nos ayuda un amigo, los voluntarios en obras benéficas…

Así, muchas veces no somos conscientes de esta gratuidad en está en nuestra vidas y en nuestra sociedad, ¿cómo vamos a experimentar entonces la virtud de la gratitud?, ¿cómo vamos a ser agradecidos si no lo valoramos? La muerte de Jesús en la Cruz fue un acto de gratuidad, darnos la vida, el cuidado de nuestros padres, el amor de los amigos, de la familia y un largo etcétera. Si somos los “hombres más afortunados del mundo”, ¿por qué no damos las gracias y nos quejamos de tantas cosas?

La frase “Alerta estaré y las gracias daré” es el lema semanal de nuestros hijos y está orientada a ellos, se supone que los mayores ya damos la gracias cuando corresponde, pero realmente no es así. Tendemos a asociar gratitud con “dar las gracias”, pero la gratitud es mucho más que eso:

  • Es darse cuenta y valorar lo que se recibe, lo que los demás están haciendo por nosotros.
  • Es reconocerse necesitado, lo que significa ser humilde. A veces nuestra soberbia hace que no nos dejemos ayudar. Creemos que somos autosuficientes y luego encima nos quejamos de que no nos ayudan. Es un hecho probado que “para ser agradecidos hay que ser humildes”.
  • Es dar el paso de dar las gracias. Este paso va desde el acto de cortesía de palabra hasta agradecer con actitudes, hacerle ver a esa persona que se merece nuestra gratitud, que nos ha gustado su ayuda y que la hemos valorado. Esto hay que hacerlo siempre de forma desinteresada, no cayendo en una relación contractual de pagar favores con favores. Como Jesús nos dice en el Evangelio, hay que invitar, no a los que creemos que nos van a invitar de vuelta, sino a los que no nos pueden corresponder. La gratitud sincera lleva siempre a una amistad más profunda, correspondida y enriquecedora.

Tenemos que dar gracias:

  • Primero a Dios. Dios nos ha dado tantos dones, a todos la vida y entre todos reparte muchos más como la familia, ambiente cristiano, la salud, la inteligencia, la bondad, la fe, la caridad, algunos tienen muchos de estos dones, otros menos, pero todos tenemos dones de Dios que agradecer.
  • Segundo, a los demás. Esto engloba tanto a los que tienen influencia sobre nosotros: nuestros padres, nuestros abuelos, como a los que están a nuestro mismo nivel, como nuestros maridos y amigos y también a los que dependen de nosotros, como nuestros hijos. Con nuestros hijos, qué mejor forma de aprender la gratitud si ven el ejemplo de que también somos agradecidos con ellos, que vean que les damos las gracias por decirnos algo bonito, por ayudarnos, por cumplir con sus obligaciones, por querernos, por obedecernos, es la mejor forma de que aprendan a demostrar la gratitud, más que repetirles constantemente ¿qué se dice?, aunque una cosa no quite la otra.

La gratuidad como base de la relación entre personas es mucho más rica y humanizante que la “compra-venta”, que la relación de justicia conmutativa. La justicia es necesaria, pero la base de las relaciones humanas, de la sociedad toda, es la gratuidad: una madre da gratuitamente.

Caritas in veritate, 29 junio 2009

6. La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo.

34. La caridad en la verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo, que procede —por decirlo con una expresión creyente— del pecado de los orígenes.

36. El gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la trasparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.

38. Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia.

EL HOMBRE MÁS AFORTUNADO DEL MUNDO

Me propongo demandar a la revista “Fortune”, pues me hizo víctima de una omisión inexplicable. Resulta que publicó la lista de los hombres más ricos del planeta, y en esta lista no aparezco yo. Aparecen, sí, el sultán de Brunei, aparecen también los herederos de Sam Walton y Takichiro Mori. Figuran ahí también personalidades como la Reina Isabel de Inglaterra, Stavros Niarkos y los mexicanos Carlos Slim y Emilio Azcárraga.

Sin embargo a mí no me menciona la revista. Y yo soy un hombre rico, inmensamente rico. Y si no, vean ustedes. Tengo vida, que recibí no sé por qué, y salud, que conservo no sé cómo.

Tengo una familia: esposa adorable que al entregarme su vida me dio lo mejor de la mía; hijos maravillosos de quienes no he recibido sino felicidad; nietos con los cuales ejerzo una nueva y gozosa paternidad. Tengo hermanos que son como mis amigos, y amigos que son como mis hermanos. Tengo gente que me ama con sinceridad a pesar de mis defectos, y a la que yo amo con sinceridad a pesar de mis defectos. Tengo cuatro lectores a los que cada día les doy gracias porque leen bien lo que yo escribo mal.

Tengo una casa, y en ella muchos libros (mi esposa diría que tengo muchos libros, y entre ellos una casa). Poseo un pedacito del mundo en la forma de un huerto que cada año me da manzanas que habrían acortado aún más la presencia de Adán y Eva en el Paraíso. Tengo un perro que no se va a dormir hasta que llego, y que me recibe como si fuera yo el dueño de los cielos y la tierra. Tengo ojos que ven y oídos que oyen; pies que caminan y manos que acarician; cerebro que piensa cosas que a otros se les habían ocurrido ya, pero que a mí no se me habían ocurrido nunca.

Soy dueño de la común herencia de los hombres: alegrías para disfrutarlas y penas para hermanarme a los que sufren. Y tengo fe en un Dios bueno que guarda para mí infinito amor. ¿Puede haber mayores riquezas que las mías? ¿Por qué, entonces, no me puso la revista “Fortune” en la lista de los hombres más ricos del planeta?

Las reformas de Francisco

PAPA FRANCISCO

Parece que el Papa Francisco es un gran reformador; así lo quieren retratar muchos.

Tal vez algunos olvidan que la Iglesia siempre ha tenido, tiene y tendrá colgado el cartel “en reformas”. El día en que la Iglesia deje de aplicar la autocrítica y por lo tanto la autoreforma, estará muerta, habrá dejado de llevar en sí el soplo renovador del Espíritu.

Ciertamente la Iglesia es santa y pecadora a la vez; santa porque Dios la ha querido y fundado y porque actúa en ella; y pecadora porque está compuesta por hombres, que siempre son -somos- pecadores en continuo proceso de conversión.

Pero, sí, efectivamente Francisco está impulsando reformas. Y no solo él, ni él el primero. Por ejemplo, casi todos los temas de reformas de Francisco ya los había iniciado Benedicto, y Juan Pablo II, y Pablo VI y Juan XXIII y… (hagamos memoria o estudiemos historia…)

Algunos puntos temas muy mediáticos, como la reforma del llamado banco vaticano y la reestructuración de la curia romana, se llevan muchos titulares. La verdadera reforma trata más sobre el espíritu, sobre la actitud que como Iglesia deberíamos tener. Esta reforma aparece en directivas y líneas de acción que el Papa nos indica a través de sus homilías e intervenciones de todo tipo y en todo lugar. La exhortación apostólica postsinodal “Evangelii Gaudium” contiene gran número de apuntes de “las reformas de Francisco”:

  • una Iglesia en actitud de salida, que va al encuentro, que es más un hospital para curar heridos que un grupo selecto de “buenos”,
  • una Iglesia misericordiosa que se acerca a los pecadores, los acoge y los insta a “no pecar más”,
  • evitar la mundanización de la riqueza y de la burocratización,
  • favorecer una predicación más vivencial y cercana a la gente,
  • aumentar el protagonismo de los laicos en la misión de la Iglesia,
  • un Iglesia pobre y orientada a los pobres,
  • evitar la autorreferencialidad (mirarse a sí misma, dirigirse siempre a los mismos…),
  • una Iglesia más espiritual, más centrada en Dios, que también la lleva a ser muy humana porque Dios se acerca al hombre.
  • etc…

En el mensaje a los dirigentes y miembros de la Curia Vaticana, el 22 de diciembre de 2014, Francisco mencionó “algunas enfermedades y tentaciones que debilitan nuestro servicio al Señor” (resumo):

  • creernos infalibles, inmortales y omnipotentes;
  • endiosar a jefes, o santos o cualquier persona;
  • ser autoreferenciales y quedarnos en un círculo cerrado y cómodo;
  • acumular bienes, materiales y espirituales, y no compartirlos;
  • ser competitivos con otros grupos o personas;
  • no cooperar con otros;
  • endurecer el corazón y el espíritu y quedarnos inflexibles como máquinas en nuestra postura;
  • el activismo hacer mucho, mucho y olvidarnos del descanso;
  • no tener momentos de oración ser más hombres de acción, eficientes como “empresarios” y no estar atentos a donde nos lleva el Espíritu;
  • la esquizofrenia espiritual donde terminamos llevando una “doble vida” cuando decimos mucho y después nuestra vida no es coherente con lo que pedimos a otros;
  • la permanente cara triste;
  • y el chisme y la maledicencia.

¿Las reformas de Francisco? Cambiarse, reformarse a uno mismo. Que cada cristiano sea realmente cristiano.

Los laicos en la Iglesia hoy

FAMILIA MISIONERA, misiones, Villarreal-Martino 2014 2

Desde hace años la Iglesia viene reflexionando sobre este tema. El Papa Francisco recientemente ha reconocido que se ha avanzado mucho, pero que queda también mucho por andar. ¿Cuáles son los aspectos principales de este debate?

En primer lugar, recordemos que todo cristiano, de cualquier estado o condición, recibe su mayor dignidad de ser hijo de Dios. Esta dignidad la recibimos en el bautismo, sacramento inicial con el que pasamos a ser parte del cuerpo de la Iglesia, del pueblo santo de Dios, y configurados con Cristo para ser con Él y como Él sacerdotes, profetas y reyes.

Sobre esta dignidad fundamental y fundante se basa la vocación “posterior” de cada uno, ya sea clerical, religiosa o laical. Pero esta vocación no confiere un mayor “status” del que ya recibimos en el bautismo, sino es la expresión del servicio que Dios quiere que brindemos a los demás en su nombre.

El clérigo sigue a Jesucristo viviendo las virtudes cristianas y ejerciendo el ministerio de santificación para los demás. Para Dios y para sí mismo es un bautizado; para los demás, cuando piden un servicio, es un ministro.

El consagrado, secundando el llamado de Dios, dedica toda su persona a Cristo por la vivencia de los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia. Y algunos consagrados, por la vida comunitaria y la dedicación a algún apostolado. 

Laico (la palabra viene del griego, y significa “el que es del pueblo) es aquel que recibe de Dios el carisma (los dones, la gracia) para hacer presente a Dios en el mundo (en los negocios, en la política, en la cultura, en el deporte, en la familia, en la sociedad humana). Es llamado por Dios a ser santo en el mundo, y así a santificar todas las realidades temporales.

Laico no es el que no ha recibido la vocación sacerdotal o consagrada (concepto negativo y reductivo). Es quien ha recibido la vocación de ser santo en el mundo y así santificar el mundo: esta es su especificidad.

El laico hace presente a Dios y habla de Dios en el mundo cotidiano, sin tener miedo, sin vergüenza, sin poner por delante otros compromisos, pero sin “proselitismo barato”.

Coherencia y autenticidad: porque vivo con Dios y Dios vive en mí, lo hago presente en mi vida y mi entorno: familia, amistades, trabajo, ocio… Si experimento a Dios en la oración, en los sacramentos, en la caridad…, si le dejo actuar en mi vida (con mis defectos), Dios se mostrará en mí. Es una cuestion de poner amor en mi vida, a veces heroicamente.

El laico es, a través del bautismo, sacerdote porque ofrece a Dios su vida, su familia, su mundo. Todos deberíamos ofrecer cada mañana nuestro día, nuestros quehaceres.

El laico, como Jesucristo mismo, es profeta porque habla de Dios a los demás, con sencillez: los padres a sus hijos, a los amigos, a los que necesitan una palabra de consejo y de guía.

Y el laico es rey, gobernante, porque organiza su vida según Dios, porque trata de que su vida y la de los suyos discurra según los criterios de Dios: bondad, justicia, fidelidad, perdón, progreso, etc… Gobernamos las cosas, familia, casa, trabajo, pools, etc según lo que Dios quiere de nosotros.

Dentro de la Iglesia estamos todos: los laicos, los religiosos y los clérigos, con todas las posibles combinaciones de situaciones (clérigos con votos religiosos; consagrados laicos, con o sin vida comunitaria, con posición en la jerarquía de la Iglesia o no, de clausura o de vida activa…) y todos somos hijos de Dios y miembros de la Iglesia con la misma dignidad.

La relación entre religiosos, consagrados y laicos es de complementariedad; no hay uno más importante que otro, y cada uno es llamado por Dios a una vocación personal para la cual es preparado a través de los dones que recibe. Como dice San Pablo la Iglesia, es un cuerpo donde todos los miembros se cuidan y se ayudan unos a otros todos.

Todos debemos aportar nuestra santidad a la Iglesia, todos somos invitados por Dios a ser santos y tenemos esa obligación.

Amor incondicional. Virtud del año 2014 Oakhill Pilar

En el colegio Oakhill de Pilar nos hemos propuesto que en este curso 2014  nuestro trabajo formativo esté todo permeado de una virtud: el amor incondicional.

Esta propuesta no nace del azar, sino de una reflexión profunda que como comunidad educativa hemos realizado desde hace tiempo. ¿Por qué nos dedicamos a enseñar, a formar? Nos damos cuenta de que solo hay un motivo que sostenga nuestra labor: el amor incondicional que cada persona merece y necesita.

Como cristianos que somos, constatamos que Dios se ha entregado a nosotros, a cada uno de nosotros, con un amor absolutamente generoso e inmerecido por parte nuestra. No nos ama ni nos redime porque seamos buenos, o lindos, o inteligentes, o poderosos. Nos ama y nos perdona simplemente porque Él quiere. Y porque nos ama, nos crea, nos salva, nos perdona, nos da nuevas oportunidades. ¿Cómo no querer a “un Dios tan bueno y tan grande como vos”, rezamos en el Pésame, Dios mío…?

Y Dios también nos enseña e invita a que nosotros amemos a los demás “como Yo os he amado”. Nos lo manda, es su mandamiento nuevo. El amor a Dios y el amor al prójimo son un único mandamiento, un mismo amor. “No se puede amar a Dios a quien no ves si no amas al prójimo a quien sí ves”. “Cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron”, nos dice Jesús en el evangelio de Mateo.

Porque somos seguidores de Jesús, queremos tener sobre cada alumno y sobre cada persona de su familia, la misma mirada de Jesús. Él mira a cada uno con ternura, con misericordia, con el afecto de un Padre y un Amigo que ayuda a levantarse, a progresar, a superarse. Esa es la mirada del amor incondicional.

Nos damos cuenta, además, que cada persona para crecer sana necesita la experiencia de ser amada incondicionalmente, saberse valorada por lo que es: no por ser alto o bajo, rico o pobre, lindo o menos lindo, hábil o no en deportes, exitoso socialmente o no, etc… “No vales por lo que vistes, ni por el auto que usas, ni por la plata que tienes. Tu valor está en ser hijo de Dios, en ser persona, en ser. Ni siquiera importa tanto que realices grandes proyectos, que mucha gente te aclame o te desprecie, que te vaya bien en la vida, en los negocios, en el amor“.

Para poner imagen a esta virtud hemos elegido un cuadro de Rembrandt, titulado “El regreso del hijo pródigo”, y un libro con el mismo título, del sacerdote Henri Nouwen, que comenta la parábola evangélica y el cuadro del genial pintor holandés. Recomendamos vivamente leer y meditar el libro.

En el cuadro se puede contemplar cómo el padre, ya anciano, recibe y acoge a su hijo con ternura. No hay actitud de reproche, sino de contención, de amor incondicional. Al padre le importa  su hijo, no la herencia que ha malgastado. Perdona los errores, cura las heridas, da nuevas oportunidades, da confianza al depositar nuevamente sus manos en los hombros de su hijo “que estaba perdido y ha sido hallado”.

En el colegio Oakhill queremos ofrecer a todos nuestro apoyo para experimentar el amor incondicional de Dios; queremos ofrecer experiencias en las que ejercitemos el amor incondicional a otras personas. En cada aula, en los patios, en las canchas de deporte, en el comedor, en cada mirada de los formadores y también de los compañeros,… cualquier circunstancia es buena para dar a cada alumno una muestra de amor incondicional que siempre va a buscar su bien, su progreso, su maduración. A este fin se encaminan todas las actividades formativas del colegio; algunas tienen más carga que otras, pero todas son importantes. No sólo los momentos de participación social, las clases de virtudes y de formación católica; no sólo las misiones y las salidas para ayudar; no solo las misas y las adoraciones al Santísimo; no solo los encuentros personales con los formadores y los referentes de familia… Todo debe llevar la mirada comprometida del amor incondicional.

“A través de mi amor, aunque pobre y limitado, los demás también pueden experimentar el amor ilimitado e incondicional de Dios”.

Queremos que todos los alumnos sean felices, que reciban y que también den UN GRAN AMOR INCONDICIONAL.

 

Maestro, cuida a tus alumnos como a Jesús

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Homilía a docentes (Oakhill Pilar, 2014)

María, Madre y Maestra

María es protagonista, no porque ella quiera aparecer, ser apreciada, sino porque ella hace posible la obra de Dios; a través de Ella Dios nos muestra su amor incondicional.

María no solo concibe pasivamente por obra del Espíritu Santo. No solo gesta durante 9 meses, no solo da a luz. Ser madre no es solo quedar embarazada y parir. Ser madre dura toda la vida; es acompañar al Hijo toda la vida. Y Ella se compenetró con su Hijo de la mejor manera posible, en cuerpo y alma. Se entregó totalmente a su Hijo, que es su Dios.

Ella fue Madre y Maestra.

Paralelismo con nosotros, que somos maestros, que tenemos la misión de dar la vida y enseñar a vivir a estos chicos. Porque no somos simples canales de transmisión de conocimientos enciclopédicos, no somos enciclopedias andantes a las que se pulsa un botón y sale la lección de matemáticas, inglés o science…

Enseñamos a vivir, a afrontar la vida, a buscar la verdad a amar la belleza, a ayudar y respetar al compañero, a superar el cansancio, el tedio y el egoísmo.

Y lo hacemos junto con su familia, apoyando a la familia: les enseñamos a rezar, a ser honrados y trabajadores, a luchar por mejorar la patria.

Maestro: con tu vida, con tu caminar, con tu mirada… das a luz y guías en la vida a estos chicos. Dios te los ha confiado, ha confiado en ti, ha puesto esos tesoros, diamantes en bruto, en tus manos para que los cuides, los pulas, los des valor, les ayudes a que saquen todo su valor.

Ser maestro es mucho más que una profesión; es una misión y una vocación; un regalo y una gran responsabilidad. Tienes en tus manos el futuro de la familia, de los pueblos, de la empresa, de la patria.

Tienes en tus manos a Jesús chiquito. ¡Cuídalo! Como María. ¿Qué vas a hacer con Él?

“A mí me lo hicisteis” Mt 25. A mí me enseñasteis… a rezar, a ser generoso, a ser comprometido, a ser honesto, a ser esforzado. Me enseñaste a ser feliz, que es amar comprometidamente.

Maestros, tenemos en nuestras manos a Jesús.

Maestro cristiano, te pareces mucho a María, porque Dios a ti te pide de forma especial que colabores con Él para que Dios nazca y viva en muchos corazones.

A la primera camada de egresados, Oakhill Pilar, 2014

Queridos chicos y chicas de secundaria, queridos profesores y equipo de formadores, queridas familias, querido equipo directivo del colegio Oakhill

Hace unos meses un sabio sacerdote amigo mío y amigo de muchos de ustedes, me puso una imagen de cómo es un colegio. Me dijo que es como una pirámide. En una pirámide normal, la base sostiene los niveles superiores, y en la cúspide están los jefes.

Pero el colegio es un una pirámide invertida. Un colegio es, o debe ser, una pirámide invertida. Arriba, en la parte superior y como razón de ser de todo, están los chicos, los alumnos; ellos son los que mandan, los destinatarios y beneficiarios de todos los esfuerzos y acciones. Ellos son la razón de ser de todo en el colegio. Para ellos, para ustedes, es todo en el colegio. Todos los demás estamos al servicio de ustedes.

Y ¿en qué les ayudamos, cómo les servimos? Les ayudamos a crecer, a desarrollarse, a llegar a ser hombres y mujeres felices, plenos, que desarrollan todas esas potencialidades, esos talentos que Dios ha puesto en ustedes, y que tienen escondidos, a veces muy escondidos.

Nuestra misión como colegio, como comunidad formativa cristiana, es darles a ustedes las herramientas, los instrumentos, los ladrillos, para que ustedes mismos se formen, se construyan. Porque nadie puede hacer por ustedes mismos lo que ustedes no quieran hacer.

Y ¿cómo les ayudamos? Enseñándoles, formándoles. Ya sabemos todos que el colegio Oakhill concebimos la formación como integral e integradora. Aquí queremos enseñar muchas cosas: matemáticas, inglés, historia, física, lengua, deportes, expresión, compañerismo, amistad con Jesús, honestidad, deportividad, alegría, catequesis, humildad, espíritu de superación, generosidad… ¡Cuántas materias…! ¿De todo eso hay clases? ¿De todo eso hablan los boletines de notas? Hay materias que tienen un nombre y un espacio curricular, unas horas asignadas de clase; y otras que se enseñan… ¿cómo? Con en contacto personal con los formadores y entre ustedes: en las aulas, en los patios, en la capilla, en el campo de deportes, en el diálogo con los prefectos y psicólogos, con los sacerdotes y las consagradas. Aprendemos viendo e interactuando con los demás: en la formación izando las banderas, en el entrenamiento deportivo, en el recreo, en el estudio serio y esforzado, en la participación social, en las misiones, en el compartir el almuerzo. Siempre estamos aprendiendo, formándonos. Aprendemos educación, respeto, dominio de nosotros mismos, etc. Aprendemos a ser personas, a ser buenas personas, no solo aprendemos técnicas para ser matemáticos, ingenieros, arquitectos, periodistas o maestros.

En el día de hoy merecen una mención especial, muy especial, los chicos y chicas de 6°, nuestra primera camada, o como dijo alguno “nuestros conejillos de Indias” en los que hemos practicado todos los experimentos, pero también los que han recibido y experimentado todo nuestro cariño, nuestra mirada más atenta y cuidadosa. Muchos de ustedes son también primeros hijos, hermanos mayores, y han “sufrido” los privilegios y las obligaciones de ser los mayores, de ser los primeros. Ustedes han marcado nuestra historia, ustedes son los primeros en salir con el escudo Oakhill en su frente y en su corazón (ya no en el uniforme, que ya pueden dejar de usar ¡por fin!). Pero bueno, ustedes tendrán mañana su acto de cierre especial, así que demos el protagonismo hoy a los demás.

En nombre del Movimiento Regnum Christi y de los Legionarios de Cristo, quiero expresar mi gratitud a todos ustedes, chicos y chicas, y a las familias por este año. Y sobre todo gratitud a todo el equipo de formadores y profesores, que durante este año han puesto todo lo mejor de sí mismos para hacer esta comunidad formativa cristiana.

Quiero recordar especialmente a Juan Manuel Ferreirós, que aunque no estará con nosotros el próximo curso, ha realizado un gran trabajo y se entregó a su misión de formador con todo su ser.

En este 2014 nos propusimos como virtud del año el Amor incondicional, y hemos tratado de ir trabajando en ella. De aquí han nacido nuestros esfuerzos, nuestro servicio a ustedes. Somos conscientes de que como humanos que somos hemos cometido errores. Les pedimos perdón por todos ellos, pero tengan la seguridad de que dentro de nuestras limitaciones hemos tratado de hacer lo mejor posible. Creemos que el trabajo de este año ha sido bastante bueno; el resultado son ustedes, de quienes nos sentimos profundamente orgullosos, por su superación, su esfuerzo. Chicos y chicas, sepan que los queremos con toda el alma. Gracias.