Confianza lúcida. La vida es así, llena de riesgo, incertidumbre y posibilidades

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Reseña y breve comentario al libro de José Andrés Murillo[1]

Tenemos entre manos una obra breve y jugosa que reflexiona con serena profundidad sobre esta dimensión de las relaciones humanas. Con sugestivas pinceladas traza los contornos y los contenidos de este “concepto tan esquivo como necesario”.

La confianza es la base para las relaciones sanas a todos los niveles: la familia, la política, la práctica pedagógica, la estabilidad de los mercados financieros, las sinergias en las empresas, la convivencia y colaboración ciudadana, etc. Ya sabemos que los grupos humanos construidos sobre el miedo y el poder son muy frágiles y una bomba de tiempo.

También, y sobre todo, la confianza es fundamental para la estabilidad y solidez de la personalidad.

Me parece muy acertado que el autor indique que la confianza surge solo de una ética, es decir, de unas decisiones personales y sociales de reconocerse y reconocer a los demás desde el respeto y la valoración.

El centro de la propuesta de Murillo es crear y defender espacios de luz entre las personas, para ver y dejarse ver desde el ejercicio de la propia libertad. Este espacio de luz está hecho de escucha activa, de preguntas, de dar cuentas ante los demás; está hecho de límites que eviten la ambigüedad y la confusión. Con esos límites las personas pueden cuidarse, comprometerse y entregarse con libertad. Este espacio también se concreta en roles y lugares específicos de cada uno, en relaciones que pueden ser simétricas (entre pares) o asimétricas (padres-hijos, docente-alumno, persona constituida en autoridad-tutelado, etc…).

La confianza ciega nunca debe ser una opción, pues la ceguera implica no ver, no querer ver; pretender la opacidad en las relaciones y la falta de discernimiento. En toda relación, simétrica o asimétrica, debe haber espacio para rendir cuentas, para pedir y dar explicaciones.

La persona experimenta las relaciones con todo su ser, y aquí la corporeidad juega un papel muy importante porque expresa y sostiene esa dimensión más intuitiva de la persona, que se siente segura y confiada principalmente por percepciones subjetivas, no por reflexiones racionales. Nos “sentimos seguros” en el yo integrado, cuerpo y alma, racionalidad y subjetividad afectiva-corpórea. Necesitamos sentir y poner nombre a los sentimientos, analizar lo que se siente y tomar posición frente a ello desde la verdad de uno mismo y la verdad del otro. Aquí realizamos un trabajo integrador de la persona. Integrar sentimientos, impulsos, razonamientos y decisiones.

El hombre necesita confiar en los demás porque es frágil, porque se sabe vulnerable y expuesto. No puede controlar y someter todo. La vida es así, llega de riesgos, incertidumbre y posibilidades. Y como seres sociales, necesitamos a los demás y los demás nos necesitan.

Este trabajo termina con un capítulo de capital importancia y actualidad: Confianza, sexualidad y abuso. . Es una agresión radicalmente distinta a todas las demás por realizar una intromisión al centro mismo de la corporalidad y de la existencia, ese centro que marca, condiciona, posibilita y orienta nuestro estar en el mundo junto a otros.

La sexualidad, esa dimensión donde se integra toda mi persona (mi pensar, mi sentir, mi transcendencia), donde se vivencia lo más íntimo, secreto y central de mi ser, solo se comparte delicada y cuidadosamente en momentos de suma confianza, respeto y libertad.

 

Resulta muy interesante leer un libro sin saber nada del autor, porque estás libre de prevenciones y prejuicios, simplemente porque te lo ha recomendado un amigo. Y cuando descubres que el texto tiene un contexto y un origen en experiencias personales fuertes, causa más admiración. Eso me ha pasado al conocer que José Andrés Murillo es uno de los denunciantes del caso Karadima, el sacerdote chileno que abusó de menores; que creó la Fundación para la Confianza, que “lucha contra el abuso sexual infantil a través de la prevención y el acompañamiento integral de víctimas”; que está comprometido y dedicado a regenerar la confianza en personas heridas.

Dios quiera que pueda hacer el bien con confianza lúcida, serena constancia y respeto humilde.

[1] Uqbar editores, Santiago de Chile, 2012

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