No canceles la Navidad

belén

Dios irrumpe en la historia humana, pero sin violentar. El Dios Amor se propone y se insinúa, nunca se impone. Por eso Dios eligió la noche, una cueva, una humilde pareja y un Niño para hacerse más presente en nuestra vida.

Navidad es la fiesta del amor, la alegría, la fraternidad, la esperanza, la familia, el perdón, la ilusión. Tiempo de regalos, de reuniones familiares, de descorchar champán; tiempo de vestir nuestras calles y casas con luces y colores; tiempo de poner el Pesebre y el árbol; tiempo de los generosos Reyes Magos y de Santa Claus. Pero ante todo es el tiempo del Dios-Niñito-Amor.

Según algunos profetas de desventuras, deberíamos cancelar la Navidad, pues no habría razón de festejo; algunos ven motivos más que suficientes para suspender tanta alegría porque consideran todo esto vacío, hipócrita, falso. Quieren cancelar la Navidad, suspenderla. Que no haya Navidad.

Es verdad que hay mucha gente que en esta época no la pasa bien por las pérdidas que ha sufrido, por las situaciones dolorosas en que vive. Para muchos la Navidad no viene con las alforjas repletas de alegrías externas, sino de ausencias y recuerdos dolorosos. Ellos se asemejan más que otros a esos primeros y verdaderos protagonistas de la Navidad, José, María y Jesús, que desplazados de su casita y sin encontrar un lugar adecuado no tuvieron más remedio que refugiarse en un establo de animales. Solos, sin apoyos, pobres.

Esto nos muestra que la auténtica Navidad no está hecha de luces, de regalos, de figuritas, de comidas. La Navidad es un encuentro: Dios viene a nuestra vida.

¿Pero, dejaremos que nos roben la Navidad? ¿Deberíamos cancelarla porque muchos sufren necesidad o porque otros se quedan en lo superficial? Eso dependerá de cada uno de nosotros, de nuestra actitud real en el festejo.

Dios no suspende su venida: vino hace 2000 años y viene ahora a tu corazón. Él te ama, te busca, te quiere feliz. A Dios no le tumban las maldades, las miserias, nuestros pecados; no le frenan nuestras tibiezas. A esto viene: perdonar errores, sanar heridas profundas, iluminar tinieblas del alma. Y puede hacerlo y lo hace.

Y tú, ¿suspenderás tu encuentro con Dios-Niñito-Amor? ¿Cancelarás tu cita con Él?

  • Si engalanas tu calle y tu casa y tu cuerpo para mostrar la belleza de la vida y de la familia, no canceles la Navidad.
  • Si te reúnes con tu familia y tus amigos, incluso con quienes no conoces, para darles amor y hacerles el bien y fortalecer vínculos, no canceles la Navidad.
  • Si pones el Pesebre para contemplar sosegadamente eso que Dios hizo y sigue haciendo también hoy, no canceles la Navidad.
  • Si compras y entregas regalos regalándote a ti mismo, tu tiempo, tu bondad, tu cariño…, no canceles la Navidad.
  • Si descorchas una botella para festejar el triunfo del amor, no canceles la Navidad.

No canceles lo que es bueno, pero tampoco lo estropees; no dejes que pierda su chispa inquietante. Deja que la Navidad te incomode el corazón.

No te quedes con la superficial Navidad; disfruta y emborráchate de la auténtica Navidad: el festín del amor de Dios-con-nosotros, Enmanuel. Y ayuda a que otros muchos también la vivan con profunda alegría. Seamos todos promotores de la auténtica Navidad.

Feliz Navidad. P. Jesús Pérez García, legionario de Cristo

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