Sonreír y cantar, porque Cristo está en el centro de mi vida

rostro de cristo 6 ven y síguemeHace unos días un profesor subía las escaleras del edificio de secundaria canturreando una canción, no sé cuál era. Iba alegre cantando, sonriendo. ¿Por qué cantas? Le pregunté. No es normal ver a un adulto subir las escaleras de su lugar de trabajo cantando.

A veces pensamos que en la vida tenemos que ser serios, sin sonreír, sin reír. Algunos tienen envidia de los que van alegres, de los que disfrutan la vida, la amistad con Dios y con los demás, de los que se sienten dichosos porque son amados y queridos por Dios y por los demás.

Algunos piensan que ser cristianos es sacrificarse mucho, sufrir mucho, flagelarse, llorar todo el tiempo, estar siempre muy serios y sombríos. Y eso no es verdad, porque Jesús nuestro maestro no era así.

Los fariseos, como vemos en el evangelio que hemos escuchado, quieren que los discípulos de Jesús haga ayuno, estén siempre muy serios con la cabeza baja y con mala cara de no comer. Y Jesús les dice que sus amigos no deben ser así.

Jesús ha venido al mundo para que todos encontremos alegría, esperanza, ilusión. Cristo vino al mundo para hacer nuevas todas las cosas, para traer amor, alegría, paz, plenitud.

Es verdad que para vivir como Jesús vivió también tenemos que pasar, como Él, por la cruz, por el desprendimiento de nosotros mismos, por la abnegación de nuestro egoísmo y orgullo y pereza. Pero ante todo tenemos el amor de Dios, que es nuestro Padre, amigo y maestro. Él nos ama y nos cuida y nos da todo lo mejor. Si estamos con Jesús no podemos estar tristes ni decaídos ni abatidos, ni siquiera cuando tenemos dificultades, aunque es normal y humano que en muchos momentos sintamos tristeza. Pero Él nos da su gozo, su fuerza. Él nos enseña a amar y nos da fuerza para amar.

Por eso nosotros, seguidores y amigos de Jesús, tenemos que mirarlo a Él, contemplarlo a Él, fijar en Él nuestra mirada y nuestras ilusiones, para qué Él sea nuestro Rey y modelo, el centro de nuestro corazón, de nuestra vida, de nuestra familia.

Cristo Jesús nos sostiene, nos inspira, nos fortalece. Si estamos con Él, nada malo nos puede pasar, y todo lo que nos pase será bueno y fuente de alegría.

Por eso en este colegio tratamos de aprender a mirar a Jesús, a ser amigos de Jesús, tratamos de imitar a Jesús. Y Jesús era un hombre alegre, verdadero Dios y verdadero hombre alegre, generoso, entregado.

Yo me lo imagino caminando por Galilea canturreado por los caminos, bromeando con sus discípulos, sonriendo a todos los que curaba y a los que hacía el bien. Hacer el bien da alegría y paz.

Homilía, viernes semana XXII tiempo ordinario. (Lc 5, 33-39 y Col 1, 15-20)

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