Amor comprometido

manos

Introducción: “Docente del alma”.

Hemos iniciado el curso 2015 y como comunidad educativa del colegio Oakhill nos preguntamos: ¿en qué educamos, para qué enseñamos, qué vamos a hacer con estos niños y niñas y sus familias? ¿Qué vamos a hacer nosotros?

¿Vamos simplemente a pasar el tiempo, a dejar que caigan las hojas del calendario esperando unas nuevas vacaciones? ¿Vamos a “sobrevivir” este 2015, que –dicen- será duro? ¿O vamos a vivirlo con intensidad, con amor? ¿Vamos a ayudar a estos niños y jóvenes a ser mejores; vamos a aportar a nuestra patria y al mundo unos humildes granitos de arena, humildes pero limpios y frescos, que vayan construyendo poco a poco un gran edificio?

Creo que todos queremos a vivir y a aportar a los demás el Gozo del Evangelio, la alegría de disfrutar del amor de Dios y de los demás.

Somos una comunidad educativa católica. Estamos aquí porque compartimos una vocación y una misión como creyentes y educadores, como educadores-creyentes. El Papa Francisco, en la exhortación “El Gozo del Evangelio”, nos sugiere unas pistas de reflexión muy ricas:

  1. (…) La tarea evangelizadora enriquece la mente y el corazón, nos abre horizontes espirituales, nos hace más sensibles para reconocer la acción del Espíritu, nos saca de nuestros esquemas espirituales limitados. Simultáneamente, un misionero entregado experimenta el gusto de ser un manantial, que desborda y refresca a los demás. Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros. Esa apertura del corazón es fuente de felicidad, porque «hay más alegría en dar que en recibir» (Hch 20,35). Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio.
  2. La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo.
  3. Para compartir la vida con la gente y entregarnos generosamente, necesitamos reconocer también que cada persona es digna de nuestra entrega. No por su aspecto físico, por sus capacidades, por su lenguaje, por su mentalidad o por las satisfacciones que nos brinde, sino porque es obra de Dios, criatura suya. Él la creó a su imagen, y refleja algo de su gloria. Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida. Es lindo ser pueblo fiel de Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres![1]

Como dice el Papa, somos “el docente del alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y ser para los demás”.

La familia en primer y destacadísimo lugar, y después la escuela, es el ámbito donde cada persona es amada y aprende a amar. Y esto se realiza no por grandes discursos o teorías, sino por esos pequeños y continuos actos de amor, de atención, de compromiso. Aquí generamos esas acciones de amor, formamos para la vida, inculcamos formas de vida.

La virtud de este año 2015: el amor comprometido.

Como comunidad educativa católica cada año nos proponemos profundizar y enriquecer nuestra vida con una virtud en la que nos fijamos de modo especial, para que nos sirva de inspiración y de foco en nuestra labor formativa.

En el 2014 nos propusimos el amor incondicional, como base y centro de todo: amor incondicional a cada persona, porque cada uno es digno de nuestra entrega, porque cada uno es hijo de Dios y hermano nuestro.

Para este 2015 queremos tomar otra faceta del amor cristiano. La incondicionalidad nos lleva al compromiso: porque amamos incondicionalmente a cada persona, nos comprometemos también con ella a buscar por todos los medios posibles lo mejor para ella. El amor si es auténtico, lleva a la entrega concreta y real, a buscar el bien de la persona con el sacrificio de uno mismo por el amado, como hizo Cristo por nosotros.

Esta virtud del año será como el hilo conductor y la guía de los encuentros formativos de la comunidad docente. Como ya saben, para los alumnos tenemos un programa de virtudes que se adapta a las necesidades de cada nivel, según su desarrollo evolutivo.

Calidad de vida: calidad de amor.

No es un alarde romántico afirmar que lo principal de la vida, de la persona, es su amor. Eres lo que amas; no lo que comes, ni lo que vistes, ni en lo que te desplazas. No eres la marca de ropa que llevas. ¿Amas mucho, amas bien, amas grandes cosas y personas? Eres una gran persona, eres una buena persona, eres feliz y pleno.

Porque el amor no es romanticismo, sentimiento; es eso y más, y mucho más. Porque cada persona no es solo su emotividad, lo que siente. Inteligencia, voluntad, sentimientos, libertad, condicionamientos genéticos, influencias familiares y sociales… todo esto conforma el complejo puzle de cada persona.

El amor es inspirador, arrebatador, capaz de heroísmo, de belleza, de ilusión, de constancia y perseverancia.

Tiene iniciativa, inventiva, dinamismo, no se conforma con lo que hay, busca más y lo mejor para el amado. Es operante: “obras son amores y no buenas razones” decía Santa Teresa de Ávila aplicando el evangelio a la vida concreta y real de cada día.

¿Qué nos dice Jesús en el evangelio sobre el amor comprometido? Solo entresaco algunas líneas.

Primero vemos que Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, nos manifiesta el amor misericordioso, inmenso de Dios; un amor muy concreto, muy comprometido, que le lleva a involucrarse de lleno con los hombres:

  • “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 16 y 17).
  • “Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19).
  • “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” (Jn 10, 10 y 11).
  • “Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Juan 13, 1).
  • “Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” (Jn 13, 13-15).
  • “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 13-15)[2].

Juan y Pablo, primera generación de cristianos, de discípulos de Jesús, experimentaron y vivieron ese amor fuerte de Dios:

  • “Y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2, 20).
  • “Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2 Corintios 8, 9).
  • “Cristo, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz (Filipenses 2, 6-8).
  • “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1Jn 4, 10 y 11).

Y Jesús también nos pide a nosotros una respuesta de amor, amor comprometido como el de Él:

  • “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él” (Jn 14, 21).
  • “No todo el que me diga: «Señor, Señor», entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial” (Mt 7, 21).

Cualidades del amor. El amor auténtico es:

  • Incondicional: querer a la persona por ella misma, no por interés.
  • Misericordioso: saber comprender y perdonar, aceptar a la persona como es, no como yo quisiera que fuera.
  • Enérgico, proactivo, trabajador, fuerte[3].
  • Comprometido, vinculante porque crea vínculos.
  • Generoso, entregado, valiente.
  • Gozoso, alegre, inspirador.

El compromiso

Hace unos meses (18 noviembre 2014) el Papa Francisco, en una intervención en un simposio de jóvenes contra la prostitución y la trata de personas, recordó una anécdota contada por el humorista Luis Landriscina (aunque la anécdota es clásica): “La vaca cuando nos da la leche colabora para nuestra alimentación. Se da la leche y se hace el queso, y entonces hacemos un sándwich. Pero un sándwich de queso es un poco soso, entonces hay que ponerle jamón. Vamos a ver al chancho, y el chancho para hacer jamón no colabora, da la vida, se compromete”. El Papa explicó que “comprometerse es dar la vida, es jugarse la vida, y la vida tiene sentido solamente si uno está dispuesto a jugarla, a hacerla correr para el bien de los demás. A mí me gusta ver a tantos jóvenes que estén con esas ganas de comprometerse”.

El amor comprometido nos hace gozar y también nos hace sufrir: los padres que gozan ver crecer a sus hijos, verlos madurar y ser independientes, pero también sufren cuando se van, cuando enferman, cuando tienen que luchar por salir adelante.

El compromiso a veces nos asusta, porque no queremos sentirnos atados, encerrados, amarrados a algo o a alguien; sentimos que nos va a quitar libertad, que nos va a obligar y a coartar. Y eso no nos gusta, tal vez nos aterra. Pero no todos los lazos son malos; al contrario, algunos son muy buenos, y gracias a Dios que los tenemos y estamos “enlazados, vinculados, atados”.

El escalador que va en la cordada atravesando grietas y abismos, está tranquilo y seguro porque va bien atado. El hijo que es abrazado fuertemente por su padre o su madre está confiado a pesar de los peligros. Quien se asoma a un precipicio, pero siente la fuerza de la barandilla que le impide avanzar pero que también lo contiene, puede disfrutar del amplio paisaje. El operario que trabaja en un andamiaje alto, está confiado en los arneses que los sustentan.

escalador

Y así podemos decir también de la vida misma: una vida comprometida, sufrida, trabajada, orientada, amante, es más plena que la vida superficial, no comprometida, suelta, mariposeando… Lo importante es acertar en los vínculos, en las ataduras, en los compromisos.

Todos conocemos matrimonios que celebran con gran regocijo el aniversario de su compromiso; y otros que no lo recuerdan, o lo recuerdan con pena. Y vemos personas que en su profesión trabajan con ilusión, con garra, porque están comprometidos con su empresa, con su familia, con sus clientes, con la sociedad; y ese trabajo les reporta mucho más que un sueldo: les reporta satisfacción personal y transcendencia.

El amor verdadero lleva a ligarse, a comprometerse para siempre con la persona. Con una persona no se puede jugar al “ahora sí te quiero, ahora no”. Una persona quiere y es querida con incondicionalidad y definitividad: “para siempre”, “para toda la vida”, “hasta que la muerte nos separe”.

El Papa Francisco nos pone en guardia contra la alergia al compromiso:

  • El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares. La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales. Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos «mutuamente a llevar las cargas» (Ga 6,2). Por otra parte, hoy surgen muchas formas de asociación para la defensa de derechos y para la consecución de nobles objetivos. Así se manifiesta una sed de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y cultural (El Gozo del Evangelio, n. 67).

abismo

Cuando se ama de verdad a alguien, no se puede dejar de pensar en la persona a la que quieres: las madres en sus hijos, una pareja de enamorados, Dios en nosotros). Amar es estar vinculado, atado, pendiente.

Enseñar el compromiso

La tarea principal del educador consiste en ayudar a crear buenas vinculaciones, ayudar en ese aprendizaje vivencial que es aprender a amar y ser amado. En la escuela se pueden establecer vínculos muy valiosos:

  • El amor a la verdad: compromiso por buscarla siempre y en todo, como condición indispensable para afrontar la vida con realismo, sin engañarnos ni engañar a otros. Jesús nos dijo: “La verdad (vinculación a la realidad) os hará libres” (Jn 8, 32).
  • El amor a la belleza, a la armonía, al orden. Cultivar la sensibilidad y acostumbrarla a lo bello; que lo sepa valorar, disfrutar y promover.
  • El amor al bien, a lo bueno para sí mismo y para los demás: lo justo, lo honesto, lo provechoso para todos. Disfrutar haciendo el bien y ayudando a los demás.
  • El amor incondicional y comprometido a las personas: a los compañeros, a los maestros, a los más necesitados… Acostumbrarse a trabajar en equipo, a salir en defensa del débil o necesitado, a abrirse a los demás y compartir todo, a perdonar los errores y equivocaciones de los demás.

Si es importante vincularse y comprometerse con los ideales y valores transcendentes, muchísimo más lo es con las personas. Esto se ejercita y acrecienta en la familia y en la escuela principalmente. Cuando se encuentra un amigo, se encuentra un tesoro, dice la Biblia.

Los vínculos se crean con repetición de actos

Como comunidad educativa católica, ayudémonos todos a comprometernos con el bien, la verdad y la belleza que hay en cada persona, en todas las personas.

Cada vez que me esfuerzo por estudiar y conocer mejor el mundo (físico, social, político, interpersonal), cada vez que colaboro con un compañero, cada vez que me intereso por la belleza de la naturaleza y del arte, cada vez que salgo de mí mismo y dejo que los demás entren en mi vida, cada vez que disfruto de la amistad que es dar y recibir, cada vez que encuentro paz al transcender de mí mismo, cada vez que descubro cuánto me ama Dios y tantos talentos que me ha dado, cada vez que respeto al maestro y al compañero y los quiero como son, cada vez que colaboro en las tareas de casa y del grupo, cada vez que amo con obras a los demás… en cada uno de esos momentos estoy vinculándome a un gran amor que me hacer crecer y mejorar como persona. Eso me hace ser cada vez más una mejor versión de mí mismo.

Como comunidad educativa católica, ayudémonos todos a comprometernos con el bien, la verdad, la belleza que hay en cada persona, en todas las personas.

Recomiendo ver esta historia de un hombre comprometido con su familia y sus alumnos: https://www.youtube.com/watch?v=OSrrZGOYU6″

[1] Los resaltados en negrilla son míos.

[2] Y otras citas más, puede ser estas:

“Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo estas cosas en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría colmada” (Jn 17, 12 y 13).

“Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos” (Jn 17, 24-26).

“Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15, 9 y 10).

[3] “El amor es fuerte como la muerte, como el abismo” No es una canción, sino la Biblia: Cantar de los cantares, 8, 6-7

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