El Rosario: contemplar con los ojos de la Madre

virgen peregrina de la fam

María meditaba todas estas cosas en su corazón (Lc 2). Daba vueltas en su corazón a todo lo que iba viviendo, aunque no lo entendía; le preguntaba a Dios.

Oraba con el corazón, no solo con la razón, la inteligencia.

María era una mujer tranquila, de mucho silencio y trabajo manual: lavar, cocinar, buscar agua y leña, ayudar en tareas del campo… caminar entre los pueblos.

Pasaba noches largas, sin música, sin internet, sin TV, sin autos y sin niños con mil actividades. La vida de los pueblos es tranquila, contemplativa.

Mujer de oración y que nos invita a la oración (como a los discípulos, Hechos 1)

Mujer que miraba los detalles, que mira a las personas. Mujer que deja que resuenen en su corazón las palabras de Dios, y todo lo relacionado con Dios. Y que todo lo relaciona con Dios, con ese Dios al que esperan los judíos, con ese Dios que ha prometido salvación, con ese Dios que es Padre bueno, amoroso, pero también tan transcendente, tan por encima de los planes humanos…

María, madre nuestra en la fe, nos invita a ser hombres y mujeres de oración.

El Rosario (Juan Pablo II, El Rosario…) es meditar la vida de Cristo y la vida nuestra, con los ojos, a través de los ojos de la Madre.

Cada misterio del Rosario es una invitación a quedarse contemplando una escena, un hecho de Jesús. Contemplar un cuadro, una escena: quedarse un tiempo sosegado ante la escena para dejarnos interpelar, impresionar porque lo que Dios hace, por las reacciones de los personajes, etc…

  • Misterios gozosos: Dios actúa en la humildad. Contemplar la humildad y humillación de Dios; la sencillez de corazón de María, de José, del Niño, etc… Son las escenas del inicio de la vida de Cristo.
  • Misterios dolorosos: acompañar a Cristo en la Pasión como lo hizo María, estando nosotros junto a María. Sufrir con Él, con Ella, amar con Él, con Ella.
  • Misterios gloriosos: resurrección y triunfo
  • Misterios luminosos: Dios nos muestra su luzMaría contempla tu vida: tu familia, tus hijos, tu marido, tu trabajo, tus ocupaciones, tu amor, tu soledad, tu apostolado, tus obras de caridad…

Y con María, la Madre, pide, agradece, alaba…

Contemplar también los “misterios” de nuestra propia vida humana, tan humana y terrena, pero que Dios y la Madre también contemplan, también aprecian, y nos invitan mirarlos y apreciarlos no desde la simple mirada humana, sino desde la de Dios. ¿Cómo mira Dios, cómo aprecia Dios mi vida: mi familia, mi trabajo, mi descanso, mis amistades, mis miedos, mis pecados, mis triunfos, mis alegrías, mis proyectos, mi pasado, mi futuro?

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