Amor incondicional. Virtud del año 2014 Oakhill Pilar

En el colegio Oakhill de Pilar nos hemos propuesto que en este curso 2014  nuestro trabajo formativo esté todo permeado de una virtud: el amor incondicional.

Esta propuesta no nace del azar, sino de una reflexión profunda que como comunidad educativa hemos realizado desde hace tiempo. ¿Por qué nos dedicamos a enseñar, a formar? Nos damos cuenta de que solo hay un motivo que sostenga nuestra labor: el amor incondicional que cada persona merece y necesita.

Como cristianos que somos, constatamos que Dios se ha entregado a nosotros, a cada uno de nosotros, con un amor absolutamente generoso e inmerecido por parte nuestra. No nos ama ni nos redime porque seamos buenos, o lindos, o inteligentes, o poderosos. Nos ama y nos perdona simplemente porque Él quiere. Y porque nos ama, nos crea, nos salva, nos perdona, nos da nuevas oportunidades. ¿Cómo no querer a “un Dios tan bueno y tan grande como vos”, rezamos en el Pésame, Dios mío…?

Y Dios también nos enseña e invita a que nosotros amemos a los demás “como Yo os he amado”. Nos lo manda, es su mandamiento nuevo. El amor a Dios y el amor al prójimo son un único mandamiento, un mismo amor. “No se puede amar a Dios a quien no ves si no amas al prójimo a quien sí ves”. “Cuanto hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron”, nos dice Jesús en el evangelio de Mateo.

Porque somos seguidores de Jesús, queremos tener sobre cada alumno y sobre cada persona de su familia, la misma mirada de Jesús. Él mira a cada uno con ternura, con misericordia, con el afecto de un Padre y un Amigo que ayuda a levantarse, a progresar, a superarse. Esa es la mirada del amor incondicional.

Nos damos cuenta, además, que cada persona para crecer sana necesita la experiencia de ser amada incondicionalmente, saberse valorada por lo que es: no por ser alto o bajo, rico o pobre, lindo o menos lindo, hábil o no en deportes, exitoso socialmente o no, etc… “No vales por lo que vistes, ni por el auto que usas, ni por la plata que tienes. Tu valor está en ser hijo de Dios, en ser persona, en ser. Ni siquiera importa tanto que realices grandes proyectos, que mucha gente te aclame o te desprecie, que te vaya bien en la vida, en los negocios, en el amor“.

Para poner imagen a esta virtud hemos elegido un cuadro de Rembrandt, titulado “El regreso del hijo pródigo”, y un libro con el mismo título, del sacerdote Henri Nouwen, que comenta la parábola evangélica y el cuadro del genial pintor holandés. Recomendamos vivamente leer y meditar el libro.

En el cuadro se puede contemplar cómo el padre, ya anciano, recibe y acoge a su hijo con ternura. No hay actitud de reproche, sino de contención, de amor incondicional. Al padre le importa  su hijo, no la herencia que ha malgastado. Perdona los errores, cura las heridas, da nuevas oportunidades, da confianza al depositar nuevamente sus manos en los hombros de su hijo “que estaba perdido y ha sido hallado”.

En el colegio Oakhill queremos ofrecer a todos nuestro apoyo para experimentar el amor incondicional de Dios; queremos ofrecer experiencias en las que ejercitemos el amor incondicional a otras personas. En cada aula, en los patios, en las canchas de deporte, en el comedor, en cada mirada de los formadores y también de los compañeros,… cualquier circunstancia es buena para dar a cada alumno una muestra de amor incondicional que siempre va a buscar su bien, su progreso, su maduración. A este fin se encaminan todas las actividades formativas del colegio; algunas tienen más carga que otras, pero todas son importantes. No sólo los momentos de participación social, las clases de virtudes y de formación católica; no sólo las misiones y las salidas para ayudar; no solo las misas y las adoraciones al Santísimo; no solo los encuentros personales con los formadores y los referentes de familia… Todo debe llevar la mirada comprometida del amor incondicional.

“A través de mi amor, aunque pobre y limitado, los demás también pueden experimentar el amor ilimitado e incondicional de Dios”.

Queremos que todos los alumnos sean felices, que reciban y que también den UN GRAN AMOR INCONDICIONAL.

 

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